Era una noche
triste y no sabía si tenía algo que ver la lluvia que estaba presenciando en
esos momentos. Estaba en mi habitación
sentada frente a mi ventana mirando a la gente pasar. Me gustaba mucho observar
como las personas reaccionan ante el poder de la naturaleza. Solía extrañarme
ver como todos salen o entran desesperados a sus casas porque la lluvia los
alcanzó en la calle, y me pesaba mucho pensar que no disfrutaran por un minuto
un regalo de la naturaleza tan simple pero hermoso a la vez. No era una persona
extremadamente ecologista y no solía
cuidar mucho el medio ambiente, pero me encantaba disfrutar de cosas simples y
la lluvia por alguna extraña razón me generaba muchas sensaciones, ya sean
sentimientos como tristeza, conmoción y hasta felicidad; pero ese día era
diferente. Ese día tenía un mal presentimiento y la lluvia solo me indicaba que
iba a ser una noche diferente a cualquiera. Tal vez solo sea una noche larga y
muy triste, pensé.
Desde muy
pequeña había experimentado situaciones
muy poco comunes entre las personas. Sentía, presentía, soñaba y hasta incluso
juzgaba a personas o situaciones sin tener pruebas de algo en particular. Mi tía
Verónica era la única que me entendía en ese aspecto, siempre solía decirme “Sigue
tus impulsos, eso para ti va a ser muy bueno y te ayudará a desarrollar tus habilidades”
seguí su consejo a pie de la letra y ello generaba que mi madre me odie a
menudo. Era inquieta y traviesa; y cuando alguien me parecía mala persona solía
hacerle la vida imposible. Solía correr riesgos para ayudar a personas que me
parecían que necesitaban de mi ayuda. Esto no me ayudaba a ganarme el aprecio
de mi madre, ya que ella era de las personas que solía guardar mucho las
apariencias y verme con el papel de justiciera le generaba repulsión, pero ése
para mí nunca fue un problema, para ser sincera mi madre me provocaba la misma
sensación. Solo una vez no pude seguir mis instintos, un día estando en la
playa con mi familia conocí a un niño entre las rocas, él me sonreía y con su mirada sentía que me decía que debía
ir con él, pero no pude. Mire a mi familia quienes para mí solo eran mi papá y
mi tía; y miré al niño, sentía como si el hecho de seguir aquel niño haría que
dejara de ver a mi familia para siempre, no sentí miedo pero aquella sensación
de dejar a mi familia hizo que no volviera a ver a ese niño nunca más. Cosa que
me arrepentí después ya que desde aquel día soñé con él para siempre. A veces lo soñaba haciendo cosas comunes
pero lo extraño de todos los sueños es
que lo vi crecer con el pasar del tiempo. Habían transcurrido ya más de 7 años
desde ese suceso y ahora soñaba con un joven como yo. La última vez que soñé con él me dejo con una sensación muy feliz. Me
miraba y me decía “pronto nos veremos en persona y podremos conversar
plácidamente” Regalándome así una sonrisa tierna y misteriosa que solo conocía
en él. Lástima que hoy no soñé con él –
dije entre suspiros- Me habría ayudado a no sentir este día tan pesado.
En ese momento
se abrió la puerta de mi cuarto, fue un poco difícil distinguir quien era ya
que todo estaba oscuro y antes que la persona trate de prender la luz agarré el
control de las luces de mi cuarto y prendí solo la que estaba arriba de la ventana.
Dándole luz a mí cuerpo y lo suficiente para ver quien estaba en mí cuarto.
Por Dios Mayka,
que susto me has dado, pareces un fantasma estando ahí parada – Me dijo mi
madre después de dar un brinco.
Me reí un poco pero
al verla más seria de lo normal y sentir su mal humor disimulé con una tos seca
– Que ha ocurrido mamá, te siento un poco extraña. No creo que hayas venido a
darme el beso de las buenas noches ¿verdad? – Le dije, no podía dejar de ser
sarcástica ante una persona tan superficial como me parecía mi madre.
Deja de decir
tonterías, que lo que te vengo a decir te va a poner muy triste – dijo
Por un instante
mi semblante cambió. Pude sentir como los latidos de mi corazón me transmitían
que sea cual sea lo que me diría mi madre iba a hacerme cambiar hasta de color.
¿Qué es lo que
ha ocurrido?– Me limite a decir.
Acaba de llamar
el mayordomo de tu tía Verónica. Al parecer los rumores que estaba enferma son
ciertos y Verónica sí está muy mal de salud, sentí a ése señor muy angustiado y
ante sus tantas súplicas tuve que acceder a la petición de tu tía. No quiero
ser mal Cristiana si es que no le concedo a tu tía su última voluntad ¿no
crees? Así que te vas ahora mismo a Santiamén. Recoge todas tus cosas, ya que
después de la visita que le harás a tu tía te irás directo a un internado.
¿Que acabas de
decir? – le dije a mi madre con el corazón en la mano.
Que te irás a un
internado Mayka, sé que es extraño pero ya lo decidí con tu padre. Acá haces lo
que se te da la gana y bueno, hasta que las clases empiecen estarás en
Santiamén– Me dijo
No, no, no. Me
acabas de decir que mi tía está enferma y yo no sabía nada al respecto. Por qué
no me lo dijeron? ¿Por qué mamá? si me
acabas de decir que todo el mundo lo sabía. ¿Por qué no me lo has dicho a mi, si
bien sabes que ella es la persona más importante para mí?- dije con tanta
indignación que pude sentir que mi madre me miraba con indignación y hasta
cólera.
Pues porque eran
solo chismes Mayka y la verdad a mi esas cosas no me gustan- Dijo con tanto
cinismo que no necesitaba dejarme guiar por mi don de instinto para darme
cuenta que no me dijo nada solo porque no le dio la gana de hacerlo.
Suspire por un
instante, ya que la rabia que estaba sintiendo estaba empezando a convertirse
en tristeza al darme cuenta que mi tía estaba enferma y que tenía que estar con
ella en esos instantes.
Dame unos
minutos, arreglaré mis cosas y estaré abajo en cuanto acabe– Me limite a
decirle dándole la espalda. Ya no me importaba seguir peleándome con ella.
Quería salir corriendo a ver a mi tía. Tenía la necesidad de estar con ella. La
había tenido desde hace meses atrás pero mi madre no me dejaba hacerlo.
Bien, te doy
media hora para que arregles tus cosas, recuerda que estarás una temporada
larga fuera, así que lleva contigo todo lo que necesites. Yo estaré coordinando
lo necesario con el chofer para tu viaje- me dijo cerrando la puerta de mi habitación
con un rostro de felicidad que no me causaba gracia. Sabía que tan
satisfactorio era para ella mantenerme fuera de su alcance cuando pueda y al
parecer la enfermedad de mi tía Verónica para ella era como un regalo de
Pascuas.
Empecé a sacar
las cosas más importantes para mí de un cajón. Entre ella una cadena de oro que
tenía el dije de una llave. Recordé la noche en la que mi tía Verónica me la
regalo. Era un día soleado, Fue hace dos años atrás cuando me dijo que no debía
de quitármela nunca, la usé siempre desde ese día pero hace unos meses dejé de hacerlo
porque me generaba una mistura de sensaciones muy extrañas. Luego saqué un
retrato. Dentro de ella había una fotografía de mi familia. Mi tía, mi padre y
yo estábamos sonriendo plácidamente en aquella foto. Ellos eran para mí las
personas más importantes en mi vida hasta esos momentos. Me dieron muchas ganas
de llorar, y estuve varios minutos derramando lágrimas en la foto pero entre en
cuenta que debía de apurarme para llegar a la casa de mi tía lo antes posible y
me limite a sacar todas mis cosas de ese cuarto. Lo deje completamente vacío.
Algo en mí me decía que no volvería a esa casa nunca más. Me gustaba mucho esa
sensación, ya que aquella casa no era de mi agrado y el solo hecho de saber que
todas mis sensaciones casi siempre se volvían realidad, generaba en mí el
impulso de salir de ahí cuanto antes.
Baje todas mis
maletas yo sola. Mi madre solo me miraba delante de la puerta. Sabía que no iba
a ayudarme, nunca fue gentil conmigo y la verdad era mutuo así que no me
disgustó su falta de gentileza hacia mí.
Bueno Mayka,
está de más decirte que no te tengo mucha empatía ¿verdad? Así que no esperes
una despedida agradable de mi parte. Estuve tratando de convencer a tu padre por
muchos años que te mandáramos en un internado pero siempre hizo caso omiso a
mis sugerencias. Pues bien, hace unos meses lo pude convencer y te irás a
Irlanda el próximo mes. Todo ya está listo así que sí tu tía se muere en ese
tiempo te limitas a esperar el transporte que te lleve al aeropuerto.
¿Cómo dices?- Dije
indignada, como puede suponer tal atrocidad, no aguantaba el solo hecho que
mencione que mi tía podía morir.
Dije que te quedas
en Santiamén hasta que llegue un transporte que contrate para que te llevara al
aeropuerto, acaso ¿estás sorda?- Me dijo con gran naturalidad. Era obvio que
ella y yo hablábamos lenguajes muy distintos.
Está bien- le
dije, ya no quería pelear, quería salir de ahí lo antes posible.
Me dejó un sobre
con una cantidad considerable de dinero y se fue. Dejándome parada en la
entrada de la casa. Al parecer sí que piensa deshacerse de mí cuanto antes,
pensé mirando el sobre. En ese instante entro el chofer a la entrada y me ayudo
a poner mis cosas en el coche. Me limite a seguirlo y a emprender el viaje
rápidamente.