miércoles, 27 de febrero de 2013

La despedida


Era una noche triste y no sabía si tenía algo que ver la lluvia que estaba presenciando en esos momentos.  Estaba en mi habitación sentada frente a mi ventana mirando a la gente pasar. Me gustaba mucho observar como las personas reaccionan ante el poder de la naturaleza. Solía extrañarme ver como todos salen o entran desesperados a sus casas porque la lluvia los alcanzó en la calle, y me pesaba mucho pensar que no disfrutaran por un minuto un regalo de la naturaleza tan simple pero hermoso a la vez. No era una persona  extremadamente ecologista y no solía cuidar mucho el medio ambiente, pero me encantaba disfrutar de cosas simples y la lluvia por alguna extraña razón me generaba muchas sensaciones, ya sean sentimientos como tristeza, conmoción y hasta felicidad; pero ese día era diferente. Ese día tenía un mal presentimiento y la lluvia solo me indicaba que iba a ser una noche diferente a cualquiera. Tal vez solo sea una noche larga y muy triste, pensé.
Desde muy pequeña  había experimentado situaciones muy poco comunes entre las personas. Sentía, presentía, soñaba y hasta incluso juzgaba a personas o situaciones sin tener pruebas de algo en particular. Mi tía Verónica era la única que me entendía en ese aspecto, siempre solía decirme “Sigue tus impulsos, eso para ti va a ser muy bueno y te ayudará a desarrollar tus habilidades” seguí su consejo a pie de la letra y ello generaba que mi madre me odie a menudo. Era inquieta y traviesa; y cuando alguien me parecía mala persona solía hacerle la vida imposible. Solía correr riesgos para ayudar a personas que me parecían que necesitaban de mi ayuda. Esto no me ayudaba a ganarme el aprecio de mi madre, ya que ella era de las personas que solía guardar mucho las apariencias y verme con el papel de justiciera le generaba repulsión, pero ése para mí nunca fue un problema, para ser sincera mi madre me provocaba la misma sensación. Solo una vez no pude seguir mis instintos, un día estando en la playa con mi familia conocí a un niño entre las rocas, él me sonreía  y con su mirada sentía que me decía que debía ir con él, pero no pude. Mire a mi familia quienes para mí solo eran mi papá y mi tía; y miré al niño, sentía como si el hecho de seguir aquel niño haría que dejara de ver a mi familia para siempre, no sentí miedo pero aquella sensación de dejar a mi familia hizo que no volviera a ver a ese niño nunca más. Cosa que me arrepentí después ya que desde aquel día soñé con él para siempre.  A veces lo soñaba haciendo cosas comunes pero  lo extraño de todos los sueños es que lo vi crecer con el pasar del tiempo. Habían transcurrido ya más de 7 años desde ese suceso y ahora soñaba con un joven como yo. La última vez que soñé  con él me dejo con una sensación muy feliz. Me miraba y me decía “pronto nos veremos en persona y podremos conversar plácidamente” Regalándome así una sonrisa tierna y misteriosa que solo conocía en él.  Lástima que hoy no soñé con él – dije entre suspiros- Me habría ayudado a no sentir este día tan pesado.
En ese momento se abrió la puerta de mi cuarto, fue un poco difícil distinguir quien era ya que todo estaba oscuro y antes que la persona trate de prender la luz agarré el control de las luces de mi cuarto y prendí solo la que estaba arriba de la ventana. Dándole luz a mí cuerpo y lo suficiente para ver quien estaba en mí cuarto.
Por Dios Mayka, que susto me has dado, pareces un fantasma estando ahí parada – Me dijo mi madre después de dar un brinco.
Me reí un poco pero al verla más seria de lo normal y sentir su mal humor disimulé con una tos seca – Que ha ocurrido mamá, te siento un poco extraña. No creo que hayas venido a darme el beso de las buenas noches ¿verdad? – Le dije, no podía dejar de ser sarcástica ante una persona tan superficial como me parecía mi madre.
Deja de decir tonterías, que lo que te vengo a decir te va a poner muy triste – dijo
Por un instante mi semblante cambió. Pude sentir como los latidos de mi corazón me transmitían que sea cual sea lo que me diría mi madre iba a hacerme cambiar hasta de color.
¿Qué es lo que ha ocurrido?– Me limite a decir.
Acaba de llamar el mayordomo de tu tía Verónica. Al parecer los rumores que estaba enferma son ciertos y Verónica sí está muy mal de salud, sentí a ése señor muy angustiado y ante sus tantas súplicas tuve que acceder a la petición de tu tía. No quiero ser mal Cristiana si es que no le concedo a tu tía su última voluntad ¿no crees? Así que te vas ahora mismo a Santiamén. Recoge todas tus cosas, ya que después de la visita que le harás a tu tía te irás directo a un internado.
¿Que acabas de decir? – le dije a mi madre con el corazón en la mano.
Que te irás a un internado Mayka, sé que es extraño pero ya lo decidí con tu padre. Acá haces lo que se te da la gana y bueno, hasta que las clases empiecen estarás en Santiamén– Me dijo
No, no, no. Me acabas de decir que mi tía está enferma y yo no sabía nada al respecto. Por qué no me lo dijeron? ¿Por qué mamá? si  me acabas de decir que todo el mundo lo sabía. ¿Por qué no me lo has dicho a mi, si bien sabes que ella es la persona más importante para mí?- dije con tanta indignación que pude sentir que mi madre me miraba con indignación y hasta cólera.
Pues porque eran solo chismes Mayka y la verdad a mi esas cosas no me gustan- Dijo con tanto cinismo que no necesitaba dejarme guiar por mi don de instinto para darme cuenta que no me dijo nada solo porque no le dio la gana de hacerlo.
Suspire por un instante, ya que la rabia que estaba sintiendo estaba empezando a convertirse en tristeza al darme cuenta que mi tía estaba enferma y que tenía que estar con ella en esos instantes.
Dame unos minutos, arreglaré mis cosas y estaré abajo en cuanto acabe– Me limite a decirle dándole la espalda. Ya no me importaba seguir peleándome con ella. Quería salir corriendo a ver a mi tía. Tenía la necesidad de estar con ella. La había tenido desde hace meses atrás pero mi madre no me dejaba hacerlo.
Bien, te doy media hora para que arregles tus cosas, recuerda que estarás una temporada larga fuera, así que lleva contigo todo lo que necesites. Yo estaré coordinando lo necesario con el chofer para tu viaje- me dijo cerrando la puerta de mi habitación con un rostro de felicidad que no me causaba gracia. Sabía que tan satisfactorio era para ella mantenerme fuera de su alcance cuando pueda y al parecer la enfermedad de mi tía Verónica para ella era como un regalo de Pascuas.  
Empecé a sacar las cosas más importantes para mí de un cajón. Entre ella una cadena de oro que tenía el dije de una llave. Recordé la noche en la que mi tía Verónica me la regalo. Era un día soleado, Fue hace dos años atrás cuando me dijo que no debía de quitármela nunca, la usé siempre desde ese día pero hace unos meses dejé de hacerlo porque me generaba una mistura de sensaciones muy extrañas. Luego saqué un retrato. Dentro de ella había una fotografía de mi familia. Mi tía, mi padre y yo estábamos sonriendo plácidamente en aquella foto. Ellos eran para mí las personas más importantes en mi vida hasta esos momentos. Me dieron muchas ganas de llorar, y estuve varios minutos derramando lágrimas en la foto pero entre en cuenta que debía de apurarme para llegar a la casa de mi tía lo antes posible y me limite a sacar todas mis cosas de ese cuarto. Lo deje completamente vacío. Algo en mí me decía que no volvería a esa casa nunca más. Me gustaba mucho esa sensación, ya que aquella casa no era de mi agrado y el solo hecho de saber que todas mis sensaciones casi siempre se volvían realidad, generaba en mí el impulso de salir de ahí cuanto antes.
Baje todas mis maletas yo sola. Mi madre solo me miraba delante de la puerta. Sabía que no iba a ayudarme, nunca fue gentil conmigo y la verdad era mutuo así que no me disgustó su falta de gentileza hacia mí.
Bueno Mayka, está de más decirte que no te tengo mucha empatía ¿verdad? Así que no esperes una despedida agradable de mi parte. Estuve tratando de convencer a tu padre por muchos años que te mandáramos en un internado pero siempre hizo caso omiso a mis sugerencias. Pues bien, hace unos meses lo pude convencer y te irás a Irlanda el próximo mes. Todo ya está listo así que sí tu tía se muere en ese tiempo te limitas a esperar el transporte que te lleve al aeropuerto.
¿Cómo dices?- Dije indignada, como puede suponer tal atrocidad, no aguantaba el solo hecho que mencione que mi tía podía morir.
Dije que te quedas en Santiamén hasta que llegue un transporte que contrate para que te llevara al aeropuerto, acaso ¿estás sorda?- Me dijo con gran naturalidad. Era obvio que ella y yo hablábamos lenguajes muy distintos.
Está bien- le dije, ya no quería pelear, quería salir de ahí lo antes posible.
Me dejó un sobre con una cantidad considerable de dinero y se fue. Dejándome parada en la entrada de la casa. Al parecer sí que piensa deshacerse de mí cuanto antes, pensé mirando el sobre. En ese instante entro el chofer a la entrada y me ayudo a poner mis cosas en el coche. Me limite a seguirlo y a emprender el viaje rápidamente. 

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